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Desarraigo

(Por Andrea Borbolla)

Tengo el cuerpo y el alma todavía anestesiados.

No soy una persona que llora fácilmente, me tengo que forzar para sacar el llanto. El día de ayer fui a mi terapia y por fin pude sacar todo el dolor y la tristeza que nos aqueja a todos los mexicanos. 

Literalmente perdí el piso, se me movió el mundo y colapsé. Nunca había sentido esa desubicación total, ese desarraigo de no saber a dónde ir, quería ayudar y no sabía cómo, contener a mi hija era lo único que me mantenía presente y conectada a la tierra.

Les comparto que además esa semana venía de una situación familiar bastante intensa, relacionada con la herencia de mi abuelo fallecido apenas hace unos meses. Mi padre murió hace 10 años, así que a mis 2 hermanos y a mí nos tocó estar en representación de él. Y como es común en estos procesos, las familias se quiebran y realmente uno conoce los intereses de las personas. Venía de esa experiencia en donde me sentí desamparada y con mucho dolor, inmediatamente después...la tierra se sacude, mi fragilidad fue aún mayor.

Cuando comencé a caminar por la colonia que ha sido mi casa durante 20 años, al verla derrumbada y devastada, me olvidé  de mi pequeña tragedia personal y dimensioné las cosas. ¿Cuántas personas sufrían y continúan sufriendo hasta este momento?, perdieron sus casas y en algunos casos la vida.

Con el paso de los días, me di cuenta de lo realmente importante, me cuestioné qué estaba haciendo yo en este planeta y para qué estoy aquí, en esos momentos las preguntas existenciales surgen con facilidad y no supe que responderme por varios días. 

Mi cuerpo me gritaba y sentía la neurosis interna crecer, estaba impaciente con mi hija, y con todo en general, después de 4 días de sentirme fuera de mí, ¡salté al tapete!, ya no podía más, lo único que quería era respirar, y así lo hice. Mi práctica estaba desordenada y sentía un profundo cansancio, apenas hice unos saludos al sol y me tiré al piso, humildemente en postura del niño, por primera vez en todos esos días pude sacar algunas lágrimas, mi tapete de yoga fue un espacio de contención y seguridad, estaba en mi ser otra vez, sentí alivio de reconocerme, de conectarme con mis emociones y poder escuchar mi miedo e impotencia. 

Con la respiración todo se empezó a ordenar poco a poco, volví a agradecer profundamente el estar viva.

Con los días y el Yoga de regreso en mi vida, me voy reconstruyendo, hoy desperté con la esperanza de que ésto nos lleve a todos a crecer y a valorar lo que tenemos en este planeta, en esta tierra,  en este país tan hermoso y tan jodido a la vez.

Desde mi trinchera, mi mejor ayuda es ayudar a los demás a que encuentren un espacio de paz, que puedan escuchar sus propios temblores y sortearlos lo mejor posible. 

Mantengamos la vibración alta, regalemos nuestra presencia en cada momento y desde nuestras trincheras aportemos lo más que podamos a nuestra comunidad.

Con sinceridad y humildad me uno al silencio que estamos viviendo y elevo mis oraciones para que la luz entre en todos los corazones.

Aquí unos tips que me han ayudado a regresar a mi centro:

  1. Súbete al tapete, aunque sea a estirarte un poco.
  2. Frota un aceite rico en las plantas de los pies.
  3. Sube las piernas en alto por 20 minutos.
  4. Escribe y dibuja tu experiencia.
  5. Deja de escuchar las noticias y escucha un playlist armónico.
  6. Báñate con agua fría al final de la ducha.
  7. Ya pasó, retoma tu vida con confianza poco a poco.

 

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